Alimentos saludables

Cinco falsos mitos sobre la dieta

Introducción

Hola, Saludables!! Toca hablar hoy sobre mitos alimentarios o, mejor dicho, sobre falsos mitos. Porque sabréis que circulan por ahí un montón de ideas falsas, de información malintencionada y de noticias equivocadas que nada tienen que ver con la realidad y que no hacen más que confundir a las buenas gentes. En este artículo vamos a descubrir cinco de esos falsos mitos y los vamos a explicar. Si quieres que hable sobre otros mitos o tienes alguna pregunta relacionada con estos u otros, házmelo saber en los comentarios.

Los mitos alimentarios

Los mitos alimentarios son ideas populares que están en la mente de buena parte de la población. Normalmente se reproducen por el boca a boca y pocas personas realmente saben si estas ideas son ciertas o no, pero, como lo dice o lo hace la mayoría, acabamos por tomarlas como verdaderas. Para no caer en la confusión y saber lo que hacemos con nuestra dieta, aquí os resuelvo cinco de esos mitos:

Mito 1: La grasa es mala

Hay que saber distinguir: la grasa engorda, sí; hay algunas grasas que son malas (grasa saturada, grasas trans y colesterol), ¡¡correcto!! Pero la grasa en general, y como uno de los macronutrientes que es, es buena. De hecho, no podríamos vivir sin la grasas porque es parte de nuestro organismo y lleva a cabo algunas funciones de nuestro cuerpo. Lo que es malo es tomar grasa en exceso y, sobre todo, tomar las grasas que no son saludables (repetimos: grasas saturadas, grasas trans y colesterol).

Para las dietas, la grasa plantea el problema de que aporta muchas calorías (9 kcal. por gramo), que es más del doble que las proteínas o los hidratos de carbono (4 kcal. ambos). Visto así parece que debiéramos evitar la grasa a toda costa, pero lo que la gente no sabe es que la grasa cuando se une a las proteínas y a la fibra tiene un efecto saciante, por lo cual no tendrás más hambre y dejarás de comer.

Pero no queda ahí la cosa, la grasa es uno de los tres macronutrientes (junto con proteína e hidratos de carbono), lo cual quiere decir que nuestro cuerpo la necesita para poder funcionar bien, y, por lo tanto, debemos incluir las dosis de grasa necesarias en nuestra alimentación diaria.

Hemos de saber que las grasas son las reservas de energía de nuestro cuerpo, además son necesarias para asimilar las vitaminas liposolubles (A, D, E y K), que sin la grasa no podríamos usar; además las membranas celulares están compuestas por grasa, y, finalmente, están presentes en algunas reacciones metabólicas esenciales.

Visto lo anterior, deberíamos tomar todos los días acidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva, de girasol, etc.) y, especialmente, las grasas poliinsaturadas (los llamados Omega 3 y Omega 6) que están presentes en el pescado azul, los frutos secos y el aguacate. Estos ácidos grasos poliinsaturados ayudan a proteger nuestro sistema cardiovascular, es decir, protegen el corazón, dilatan los vasos sanguíneos, reducen el colesterol, etc. En el caso contrario, debemos evitar a toda costa las grasas insaturadas y, especialmente, las grasas trans, las cuales se ha visto que obturan nuestras arterias, hacen que tengamos sobrepeso y se han relacionado con ciertos tipos de cánceres.

Así que, en conclusión, debemos evitar las grasas perjudiciales (saturadas, trans…) pero, a cambio, debemos consumir las grasas vistas como buenas (monoinsaturadas y poliinsaturadas), ya que no se relacionan con el sobrepeso y, al contrario, nos ayudan a prevenir enfermedades y a estar sanos.

Mito 2: El pan engorda

El pan por sí mismo no engorda más que cualquier otro hidrato de carbono, es decir, engorda lo mismo que la pasta, que la avena, que las legumbres, arroz, etc., no olvidemos que es una masa de trigo, y se aconseja que de nuestra dieta diaria el 25% provenga de alimentos de grano (trigo, avena, cebada, arroz, etc.).

Es conveniente que el pan forme parte de nuestra dieta habitual y debemos recordar que, normalmente, no hay un alimento por el que engordamos especialmente, sino que es la suma de alimentos consumidos a lo largo del día lo que hace que cojamos peso, cuando el número de calorías consumidas es mayor al número de calorías gastadas. No obstante, hay que ser cuidadosos con lo que añadimos al pan: salsas, mantequilla, embutidos, etc., que son muy ricos en grasas, y, ademas, grasas saturadas.

Si antes había controversia con el pan, hoy en día hay aún más debido a ciertas dietas que tratan de evitar a toda costa el consumo de hidratos de carbono, pues creen que si el cuerpo no tiene hidratos de carbono para gastar, tendrá que hacer uso de los depósitos de grasa. Esto puede ser cierto, pero lo que no te dicen es que el déficit de hidratos es dañino para el organismo: aumenta el colesterol y los triglicéridos, provoca fatiga, dispara el ácido úrico y hace que perdamos masa muscular y agua.

Otra cuestión que enseguida surge con el pan, y que casi es otro mito, es si el pan integral engorda más o menos que el pan blanco. Pues bien, engordan prácticamente lo mismo, puesto que, al fin y al cabo, los dos están hechos de trigo. La cuestión no son las calorías, lo importante es que el pan integral está hecho con el grano entero y de este modo el pan conserva mejor todos sus nutrientes. Además el pan integral también conserva la fibra, lo cual hace que se regulen los picos de insulina en sangre, mejora el tránsito intestinal y tiene un efecto saciante. En definitiva, debemos preferir siempre el pan integral al pan blanco.

Mito 3: Si no desayunas, adelgazarás más rápido

El asunto es simple: diferentes estudios muestran que hay una relación directa entre saltarse el desayuno y engordar, es decir, quédate con esta sencilla regla: “si no desayunas, engordarás”. ¿Por qué ocurre esto? Porque se ha comprobado que, ante la posibilidad de pasar hambre y no obtener suficientes nutrientes, el cuerpo se defiende acumulando más grasa que pueda usar después en épocas de crisis. Además, psicológicamente, se ha visto que si no desayunas tendrás más hambre a lo largo de toda la mañana y eso implica muchas cosas: que piques entre horas, que, cuando comas, comas más, y que comas alimentos menos saludables pero más apetitosos para tí (fritos, bollería industrial, alimentos ricos en grasa, etc.).

Si quieres saber cómo debes hacer tu desayuno correctamente y descubrir muchas más cosas sobre este asunto, no dudes en repasar el artículo ¿Cómo hacer el mejor desayuno?

Mito 4: No comas fruta de postre

Incluso la fruta, que siempre se ha revelado como paradigma de la alimentación saludable, ha caído en creencias sin base científica que, normalmente, son una excusa para comer otros alimentos menos saludables pero supuestamente más apetitosos: bollería, postres azucarados, productos industriales, etc.

Se ha difundido que la fruta después de las comidas provoca indigestión. Nada más lejos de la realidad: la fruta en general no es indigesta, pero es que además hay fruta que ayuda a nuestra digestión. La piña o la papaya ayudan a aligerar la digestión y a asimilar mejor ciertos nutrientes como las proteínas

También se ha escuchado que la fruta engorda más después de las comidas. Una afirmación totalmente gratuita porque, al fin y al cabo, lo que hay que contar son las calorías de cada alimento y la fruta (como cualquier otro alimento) tiene las mismas calorías al principio de cada comida o al final. Sin embargo, la fruta es rica en fibra, de ahí que, si la tomas antes de las comidas, su fibra puede tener un efecto saciante y ayudarte a comer menos, ya que te quitará el hambre.

Mito 5: No debes mezclar hidratos de carbono y proteína en las comidas

Esta es una idea equívoca que proviene de la dieta disociada. A su vez, la dieta disociada tiene diversas variantes (normalmente con nombres muy rimbombantes :P), como dieta Beverly Hills, dieta Antoine o dieta de los nueve días, que tienen pequeñas variantes entre ellas.

Pero ¿qué tiene de científico la dieta disociada? Pues temo (porque alguno se me echará encima :)) deciros que nada. La dieta disociada se basa en no mezclar glúcidos (hidratos de carbono) con proteínas pero… debes darte cuenta de que estos dos componente están naturalmente en todos los alimentos: aunque la carne tenga mayoritariamente proteínas también tiene hidratos, lo mismo el pescado, etc. ¿Y que decir de los alimentos ricos en hidratos? Los cereales, los frutos secos y las leguminosas tienen proteína, incluso las verduras y frutas, aunque poca, tienen algo de proteína.

No queda ahí la cosa, nuestro cuerpo, con las enzimas de nuestro aparato digestivo, está preparado para tomar a la vez proteínas e hidratos y no le pasa nada, al contrario, es lo natural.

Otro punto negro, es que las dietas disociadas intentan evitar las grasas, y ya hemos visto en múltiples artículos de Mister Saludable (ver, por ejemplo: La dieta definitiva ) que las grasas en su justa medida son saludables y necesarias.

Entonces preguntarás: ¿y cómo es que consigo perder peso con estas dietas? Fácil de responder: por el simple motivo de que estas dietas son muy restrictivas en calorías, es decir, no pierdes peso porque la dieta disociada funcione, pierdes peso porque estás comiendo menos, ingieres menos calorías.

Mito extra: Los alimentos light no engordan

Parece que los alimentos light, por el mero hecho de serlo, ya no engordan. Debemos desterrar de nuestra mente que el producto light no engorde, simplemente tiene menos calorías que su genérico no light. Así pues, por ejemplo, si hablamos de quesos, mantequillas, mermeladas, bollería, etc. el producto, por muy light que sea, va a seguir contando con un montón de calorías, pese a tener algunas menos que si no fuera light. Por lo tanto, ¡mucho cuidado con comprar y comer productos light pensando que no engordan!

Si quieres descubrir mucho más sobre los productos light,tienes un artículo muy interesante sobre este tema: Alimentos light: ¿Qué son realmente? ¿adelgazan? ¿cuándo tomarlos?

Conclusión

Espero que hayas podido quitar de tu cabeza esas ideas que eran equivocadas y que no hacían ningún bien para llevar una alimentación saludable. Desde Míster Saludable espero y te animo a llevar siempre una dieta sana y equilibrada desde un punto de vista científico y no sustentada en habladurías e ideas sin fundamento, es lo que nosotros llamamos la vida saludable.

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